Hechizos de amor: los mecanismos de la atracción

Escrito por dds. Archivado en Amor, Parejas

A lo largo de la historia, los seres humanos han tratado de entender y controlar los misterios del amor. Cada sociedad difiere en el entendimiento de su naturaleza y, por eso, las culturas de diferentes periodos históricos han definido el amor de distinta forma. En nuestros días, las pociones mágicas, hechizos y conjuros han evolucionado hacia las novelas rosa, las películas románticas, las empresas especializadas en la búsqueda de parejas, los chat eróticos o las miles de páginas webs dedicadas al tema en un intento de proporcionar pistas para tener éxito en cualquier conquista amorosa que nos propongamos.
Lo cierto es que no están tan claros los mecanismos que actúan para que una persona en particular se enamore de otra. Hay teorías para todos los gustos. Estas son las más extendidas:
Psicoanalistas. Los seguidores de Freud, básicamente, afirman que los hombres se enamoran de mujeres que les recuerdan a sus madres y las mujeres se enamoran de hombres similares a sus padres. En este sentido, cuando una persona se enamora, él o ella, se está reencontrando con su primer objeto de amor. Así, las experiencias romántico-sexuales de hombre y mujeres están muy vinculadas a las primeras viviencias infantiles. Esta atracción, dicen, actúa de forma inconsciente.
Teoría de la similitud. Defiende que la atracción romántica se basa en la afinidad y la semejanza pero, ya no con nuestros padres, sino con la imagen que tenemos de nosotros mismos y que proyectamos al exterior. Así, nos atraen las personas con similares orígenes familiares, rasgos de personalidad, apariencia física, formas de pensar, objetivos e intereses y actividades de ocio. Afirman que cuánto más se parecen las personas en términos de personalidad, temperamento y gustos, más cómodas se sienten, disfrutan más de su compañía mutua, tienen mayor compatibilidad y más posibilidades de seguir juntas con el paso del tiempo. Así, la gente que se parece a nosotros – incluso, físicamente- se nos hace familiar y lo familiar es más confortable y agradable que lo extraño. Es más: es muy probable que esa persona con la que vivir en armonía y compartir larga felicidad, se encuentre en nuestro entorno más cercano.
Lo opuesto atrae. Esta teoría sostiene que las diferencias pueden ser más estimulantes que las semejanzas y que la mayoría de las personas, al inicio de una relación, prefieren luchar, encontrar dificultades y trazar estrategias que la faciliten su triunfo final. Aseguran que las personas que se complementan se sienten atraídas. Sin embargo, que la relación dure supone un determinado nivel de entendimiento ideológico y funcional. De esta forma, el éxito a largo plazo, puede estar en elegir compañeros que, en general, sean semejantes a nosotros y, a la vez, con los que nos podamos complementar en una determinada, significativa y opuesta dimensión de nuestra personalidad, un compañero/a que se complemente con nosotros de una forma estimulante y gratificante.
Disponibilidad y deseo. La teoría amorosa de la psicóloga israelí Ayala Malach Pines se basa en que hay tres factores o requisitos para enamorarse: que exista el bagaje socioculatural que cree la expectativa de enamorarse; que se produzca un estado emocional que permita calificar una relación como amor romántico y, por último, encontrar a la persona adecuada, el candidato apropiado en términos de apariencia física, personalidad y valores. Para esta experta las situaciones y estados emocionales que aumentan las posibilidades de enamorarse son la alteración emocional (por ejemplo, si se ha sufrido la pérdida dolorosa, un éxito inesperado o una experiencia excitante, como un viaje exótico); la proximidad física que hace posible una exposición reiterada; los momentos de alerta física y agitación ya que, inconscientemente, se puede llegar a confundir nerviosismo y agitación con la excitación y enamoramiento y las situaciones en las que se comparte actividades que realmente te gustan porque se está en buena disposición anímica y, por tanto, estamos más propensos a abrirnos al amor.
Los obstáculos como motivadores. Esta teoría asegura que tendemos a amar más a las personas que nos ponen las cosas más difíciles o que nos hacen sufrir más porque se las valoran más. Así la atracción y la resolución pasional están gobernadas por los devaneos y las tempestades. Y es que el erotismo florece con lo impredecible, lo inesperado, lo misterioso, lo sorprendente.
El cerebro erótico. Esta teoría defiende que la atracción está basada en un buen puñado de sustancias neurorreguladoras, de conexiones funcionales entre zonas cerebrales concretas y las neuronas receptoras de los órganos de los sentidos. Todo ello regulado por el hipotálamo , una especie de sala de máquinas que controla las funciones instintivas. Esta zona trascendal para la atracción y el enamoramiento lo forman un par de aceituna situadas a ambos lados de la línea media encefálica, en el mismo centro de la base del cerebro.

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